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Implantar la jornada intensiva durante los meses de verano no es sólo una fórmula beneficiosa para sus empleados. También es una opción muy interesante y ventajosa para su empresa, según lo entiende la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, que da 10 razones por las que a una empresa le beneficia este tipo de jornada:

  1. Aumenta la motivación: la jornada continua tiene una incidencia directa en la motivación de los empleados. Éstos están más satisfechos y con mejor disposición para el trabajo, puesto que tienen mucho más tiempo para dedicarlo a su vida personal y a su familia.
  2. Fortalece la identificación con el proyecto y con la empresa: los empleados satisfechos se identifican con mayor facilidad con una empresa que tiene en cuenta sus necesidades y sus circunstancias personales y que les deja tiempo para atender esas cuestiones. Y la jornada intensiva facilita en gran medida atender esos aspectos personales.
  3. Reduce el estrés: el estrés acumulado repercute negativamente en el rendimiento de los trabajadores. Además, esto se une a la angustia que les produce el hecho de que las largas jornadas de trabajo les impiden dedicar tiempo a la atención de la familia, la preparación de las vacaciones, las compras, las obligaciones cotidianas…
  4. Estimula la optimización del tiempo: al disponer de un menor número de horas para realizar las mismas tareas que antes distribuía a lo largo de una jornada completa, los empleados aprenden a optimizar sus horas de trabajo, a ser más eficaces y resolutivos en la realización de sus labores profesionales diarias.
  5. Enseña a planificarse: unido al punto anterior, sin una buena planificación la optimización del tiempo es una tarea imposible. Los empleados se verán obligados a aprender a planificar sus jornadas de trabajo con suficiente antelación, por medio de reuniones de trabajo operativas que les permitan distribuir sus tiempos a lo largo de la semana.
  6. Permite el aprendizaje y el trabajo en equipo: el verano es también el periodo vacacional para la mayoría de los trabajadores, algo que obliga a los que todavía no se han ido a implicarse más en las tareas y responsabilidades de los compañeros ausentes y a colaborar con otros departamentos y conocer así otros aspectos de la empresa hasta que vuelven a su puesto los que están de vacaciones. Todo ello redunda en beneficio de la empresa y es algo que sería muy difícil llevar a cabo en un ambiente de insatisfacción laboral.
  7. Mejora el descanso: la jornada reducida permite que el trabajador sufra un menor nivel de desgaste físico y psíquico. Llega a casa “más fresco”, a una hora que le permite disponer de tiempo suficiente para su tiempo de ocio y su familia sin tener que trasnochar, y se acuesta con menos preocupaciones y con menor sensación de agotamiento. Todo ello hace que llegue menos cansado al trabajo y, por tanto, en mejores condiciones para trabajar.
  8. Facilita la desconexión: salir a una hora razonable de trabajar permite a la persona desconectar por unas horas de las preocupaciones laborales, algo que sería muy difícil hacer si la jornada que comienza se vive como una continuación de la anterior porque se ha salido muy tarde y apenas le ha dado tiempo para cenar y acostarse. Un tiempo de ocio de calidad es esencial para liberar la mente y dejarla lista para una nueva jornada de trabajo productiva.
  9. Explora nuevos campos: el trabajador tiene más tiempo para desarrollar facetas de su personalidad que más tarde pueden tener una incidencia directa en su trabajo. Desde cursos de formación que con una jornada intensiva tiene tiempo para realizar, hasta aspectos de desarrollo personal de cada uno de los trabajadores.
  10. Incrementa la productividad: las nueve razones anteriores confluyen en una única razón de peso y es que la productividad de los trabajadores se ve incrementada de manera significativa, algo de lo que se benefician tanto él como su empresa, y que viene a probar la rentabilidad de la implantación de medidas de la conciliación y horarios racionales.

Desde la Comisión para la Racionalización sugieren a las empresas que utilicen la jornada intensiva como un “campo de pruebas” para medir la productividad de sus empleados y como una fórmula para ayudarles a conciliar mejor su vida personal, familiar y laboral. Respecto a la incidencia de la crisis económica, sería un error eliminar la jornada intensiva con el argumento de que “así no baja el nivel de productividad”, ya que probablemente, sucedería todo lo contrario: es más fácil pedir un esfuerzo extra a los empleados implantando la jornada intensiva que obligarles a trabajar a jornada partida estando desmotivados e insatisfechos con su empresa.

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