España es el país de la Unión Europea con mayores dificultades en la contratación de trabajadores, con un índice de 78 sobre un máximo de 100, según un informe del Instituto de Estudios Económicos (IEE) realizado analizando los datos publicados por el Banco Mundial. Para medir la rigidez en la contratación, el Banco Mundial elabora un índice de dificultad en la contratación basado en tres criterios: prohibición o no de que los contratos temporales se apliquen a trabajos permanentes, período máximo de duración acumulado de un contrato temporal y ratio entre el salario mínimo para un aprendiz o un primer empleo en relación con el valor añadido medio por trabajador. Los datos de España ponen de manifiesto la existencia de un sistema obsoleto que no tiene en cuenta la productividad, la conciliación de la vida familiar y laboral o la formación y el reciclaje de los trabajadores.







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