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¿Su empresa es neandertal o cromañona?

Los muertos vivientes son un grupo cada vez más numeroso de empleados, dispersos además por todos los niveles organizativos, que tienen un supuesto trabajo pero nada que hacer en él y cuya única preocupación es “matar el tiempo”. Éste es sólo uno de los males de las empresas neandertales, es decir, las que se han quedado ancladas en el pasado, con una visión arcaica de los recursos humanos y donde no se potencia ni el talento, ni la capacidad ni las habilidades personales de cada uno. Así lo refleja el libro “Culturas innovadoras 2.0″, escrito por Juan Carrión, que identifica los principales males de las empresas neandertales:

  1. En este tipo de empresas conviven los muertos vivientes con las personas que han sufrido un “despido interior” (es decir, cuando la empresa deja sin contenido el puesto de trabajo). 
  2. Empleados extremadamente estresados, agotados física y mentalmente: aunque un cierto nivel de estrés puede ser bueno, cuando sobrepasa un determinado umbral de forma continuada se vuelve algo absolutamente destructivo.
  3. Adictos al trabajo: para los empleados que han desarrollado esta patología, el trabajo se convierte en una obsesión compulsiva que les hace obviar todo aquello que no esté relacionado con él. Entran en una espiral sin fin en la que el ocio no existe, las aficiones se olvidan…
  4. Los que están dispuestos a morir en acto de servicio: en Japón lo denominan karoski. Consiste en morir sobre el mismo escritorio en el que se trabaja como máxima ofrenda imaginable a la empresa. Aunque en España no estamos en ese límite, hay empresas que van por ese camino.
  5. Los “quemados”: al igual que los despedidos interiormente, se retiran de manera psicológica del trabajo como respuesta a la insatisfacción laboral y al estrés, pero hacen mucho ruido. Se dedican a criticar de forma destructiva, sin cambiar nada y sin aportar soluciones.
  6. Los que pasaron por pruebas de amor: las empresas neandertales sólo consideran que alguien está realmente comprometido cuando ha sido capaz de destrozarse la vida de forma constante. Estas empresas necesitan personas que acometan desafíos y proyectos extraordinarios, sin dar nada a cambio: viajes interminables, esfuerzos maratonianos, trabajar los fines de semana… Después, los empleados se van y aún se preguntan los motivos.
  7. Los que sienten “streen”, una emoción que combina estrés y depresión: por ejemplo, un empleado que ha centrado su vida en llegar a ser director financiero de su empresa pero durante el proceso se ha desgastado tanto que acaba odiando su trabajo.
  8. Los desertores: suelen ser personas de éxito (en muchos casos directivos) que abandonan una brillante carrera profesional para dedicarse a otras actividades (montar su propio negocio, cultivar patatas…). Cualquier cosa menos volver a caer en las garras de una empresa neandertal.

Si en una empresa abundan estas patologías las cosas van mal y, posiblemente, irán a peor. Si no se consigue crear un entorno sano que permita el desarrollo de las personas, motivarlas, comprometerlas … la innovación, la creatividad y el cambio serán una quimera. Para sobrevivir en el mercado, y más aún en tiempos de crisis, hay que ser una empresa cromañona, es decir, más flexible, más rápida, más innvoadora, más humana, con mayor capacidad de aprendizaje y con la capacidad, no sólo de adaptarse al entorno, sino de provocar cambios en él. Hay que tener en cuenta que las tanto las empresas neandertales como las cromañonas compiten en el mismo nicho de mercado y, con el tiempo, no habrá sitio para todas.

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